La cocina Corsa, da prueba de un pasado de tradiciones, de ingresos de Grandes-madre que exigen talento, y paciencia.
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La cocina Corsa consigue la alianza entre la rusticidad, la finura, la calidad y la generosidad. Se pasa sin transición del delicado sabor de una tarta a las hierbas al gusto formado de un estofado de jabalí, de la suavidad de la miel a la aspereza de los viejos quesos, de la fuerza de los figatellis a la untuosidad de uno brocciu gastos. Al descubrir esta diversidad, se se da cuenta rápidamente que esta mezcla de gustos y sabores tan diferentes uno termina por crear deliciosa y sorprendente armonía. La cocina Corsa se distingue también por la originalidad de sus productos.
Tierra de cazadores, es muy natural encontrar en la gastronomía corsa ingresos de caza. De pierna de cordero o cabri asada, asados, jabalíes y otras cazas, incluidos los famosos mirlos acorazados de tocino, para la cocción sobre la brasa. O también mirlos rellenados a los mirtos o al enebro. Y luego hay los productos del mar: calamares rellenados, doradas, denti (pescado de 50 cm a 1 m de longitud) bianchetti en buñuelos, langostas con sus salsas particulares (salsa al brocciu a la De Calvi, mayonesa al coral a la De Ajaccio, vinagreta a la cebolla a los De Bonifacio etc…) spaghettis a la centolla, erizos de mar de los meses de invierno, naturaleza o en tortilla.
Sin contar las inolvidables preparaciones cuyo Alphonse Daudet perpetuado al recuerdo mover en sus “cartas de mi molino”: “amplias rebanadas de pan cortadas sobre pequeñas bases de tierra roja, y se estaba alrededor del pote, la base tensa, la ventana nasal abierta… era el paisaje, la luz, este horizonte de cielo y agua?. Pero no he comido nunca nada el el mejor que esta bouillabaisse de langostas.”.
Las Córcegas son bastante orgullosas recordar las valoraciones de Curnonsky y Austin de Croze en su obra “Tesoro gastronómico de Francia” (1933). “… la finura de las pastas alimentarias, la delicadeza de las truchas de torrentes y mejores peces de mar, de Mediterráneo, la excelencia de los pequeños cerdos ágiles y tan próximos a los jabalíes, la bondad embriagadora de los vinos blancos, y sobre todo de los vinos rojos, bastaría a dar a la Córcega un lugar ventajoso en la jerarquía de nuestras provincias codiciosas, si esta isla afortunada no ofreciera aún a los Gastrónomos el imprevisto de una cocina del la más original y estas” materias primas “así precisamente reelegidas: la harina de castañas, las pequeñas langostas del Cabo, “u capone”, los mirlos, que en su carne sabrosa tomaron todos los sabores de la guerrilla, los cidros y los madroños. El prizuttu está, con el jamón de mejor Bornholms, la isla Danesa, más delicado y el más perfumado de los jamones conocidos…”.